En un condominio, la limpieza no la ejecuta una sola persona: la sostienen administradores, conserjes, personal de aseo y residentes que conviven con pasillos, ascensores y escaleras todos los días. Aquí reunimos criterios prácticos para que esa rutina compartida funcione sin fricciones: cómo separar zonas con paños de microfibra por colores, qué insumos resisten el tránsito alto de un vestíbulo y cómo organizar el recorrido de un carro institucional para no interrumpir la vida del edificio. Cada ficha del catálogo indica rendimiento por metro cuadrado y presentación por caja, de modo que quien repone sepa cuánto dura un lote antes de volver a pedir. La idea es simple: menos vueltas entre proveedores y más continuidad en el servicio para quienes viven ahí.